Gracias a unos queridos amigos, Antonio y Luisa Velluto (grazie, grazie, grazie, che bel regalo!!!), hemos disfrutado de un par de semanas en una fantástica casa en el centro de la ciudad de Venezia. Y no hay palabras para describirlo, cuando además, es Carnaval.
Para sentirlo como venecianos, de cabeza a las máscaras. Rienda suelta a la creatividad (con el límite del poco equipaje que permiten las low cost!!!) y ¡sin red!
Los disfraces habituales en Venezia son de dos tipos, de época o máscaras de fantasía. A veces, mezclas de los dos.
Empecé a diseñar los disfraces un par de semanas antes de la fecha. Nos limitaba mucho el espacio del avión, así que hubo que ajustarse al máximo. Los sombreros voluminosos los hice directamente alli. ¡Imposible volar con ellos en Easyjet!.
Pero por lo demás… sin límites. Y con unos amigos maravillosos que se apuntaron a la diversión con entusiasmo.
Oro y negro, para iluminar el frío invierno. Para conjurar al sol, a ver si llega ya. Y para intentar conseguir el mayor impacto con las mínimas telas.
Diseño y elaboración total de Sí! Quiero. Nuestra Zoë nos hizo las túnicas, cómodas y pensadas para llevar debajo plumas y abrigos varios. El frío era casi polar… Hemos estado siempre calentitos gracias al mimo con el que las ha hecho.
Las máscaras, de Massimo de La Bottega del Mascareri, en papel maché y pintadas en pan de oro, se adaptan a la piel mucho mejor que las de plástico, claro. Elegimos una completa para el principio y una de medio rostro para el resto del día, comodidad ante todo!.
Y llega el día…
Qué excitación cuando nos vestimos. Llegamos en taxi a San Marco y al desembarcar nos rodearon los fotógrafos. Las poses más extravagantes y cada vez con más soltura, ante los miles de disparos recibidos. El anonimato de la máscara permite sacar a la diva que hay en todas nosotras. Los chicos nos seguían. Una experiencia de alfombra roja sin fin.
Tomamos chocolate en el Quadri, delicioso, mientras nos hacían cientos de fotos desde la calle.
Enmascarados al anochecer, en góndola, con las bandas de música bulliciosas alternándose con el silencio más total de los oscuros canales, con el único sonido de las órdenes entre gondoleros. Llegamos hasta el embarcadero privado del Centrale Lounge, lleno de velas, para tomar un cóctel. Repusimos fuerzas y… a conquistar la noche otra vez.
Nos han asignado los mejores espacios en todos los lugares a los que hemos ido, en Cafés y Bares, como en el Harry’s Bar, y en los Restaurantes (sí, claro que hemos cenado disfrazados!!) en las zonas con más vista.
Un viaje inolvidable. Romántico. Divertido. Único!!!
Nota: Cuelgo una galeria de fotos en el facebook!.







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