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Un Sí! Quiero a la luz de las velas…
A la espera aún de las fotos de la boda, un aperitivo muy especial: una foto de la ceremonia de Elisa y Manolo, que celebramos de noche.
Este trabajo es un regalo. Conozco personas maravillosas, deliciosas, llenas de amor (a su pareja, a la vida, a los demás), y tan felices por la etapa que inician juntos.
Comparto su ilusión. Comparto sus sueños. Comparto sus deseos. Y se quedan con un trozo de mi corazón. Una parte con nombres y apellidos de personas muy especiales. Como Elisa y Manolo.
Recuerdo mi primera conversación con Elisa, de noche en verano. Hacía una noche fantástica, con ese aire pesado y caliente. Yo salía del coche. Escuchaba croar las ranas del verano, que me encantan. Y tuvimos un feeling inmediato. ¿Verdad Elisa? Y a esa conversación siguieron otras…
Fui conociendo su delicadeza, su dulzura y su personalidad, clara y muy definida. Determinada y voluntariosa pero con una sonrisa permanente.
Suavemente llegamos a las risas. Me propuso, ella misma, un día con TVE, y nos grabaron mientras visitábamos el lugar en el que ibamos a celebrar su boda, mientras probábamos su menú y veíamos mil detalles. Sonriente y espontánea, y ¡qué generosa en la iniciativa y al regalarme todo ese tiempo para la publicidad de Sí! Quiero!
Pasamos muy buenos momentos. Nos veíamos por las mañanas, prontito, y, una detrás de otra, fácilmente, fueron saliendo sus preferencias. Al elegir un sitio con color muy vivo, su color fue el blanco. La ilusión que tenían por su Luna de Miel. Y lo mucho que les gustó la que les preparamos.
Pero ya veremos fotos cuando las recibamos. Ahora, recuerdo esa preciosa ceremonia con la luz de las velas y el poderío de la noche. Las palmeras recortando jirones de oscuridad. El blanco enmarcando a una Elisa relajada y preciosa.
Manolo sonriente mirándola con toda la intensidad de sus ojos negros.
Y recuerdo esa lectura… ay, cómo se conmovieron ellos ¡y nosotros!, cuando su amigo, que contaba cómo se habían conocido Elisa y Manolo, nos comentó: “bueno, mejor que contároslo, voy a leer los emails que me mandaban”. Y desgranó ese interés inicial, cómo fue creciendo hasta esa noche en que celebrábamos su amor.
Una noche mágica. El blanco y las velas. Como una metáfora de Elisa. Su suavidad y su fuerza.